Mis trucos para no engordar en Navidad

Wafatips: cómo ahorrar tiempo y disgustos adelantando la ‘Operación Año Nuevo’.

¿Por qué lo hago?

Soy consciente de que diciembre es el peor mes del año para entrenar la fuerza de voluntad. Todo el mundo nos desea una Dulce Navidad y no sólo en sentido figurado.​ Las comidas de empresa, de amigos y familiares pasan factura al bolsillo y a la báscula.​ Y lo que es peor, boicotean nuestra rutina y agujerean la conciencia. Nos autoconvencemos de que estas fiestas son para disfrutar, que una vez al año no hace daño y que para eso está la lista de propósitos de Año Nuevo, para volver a empezar.

Durante años yo también dije muchas veces: ‘de perdidos al río’.​ Además, trabajando como directora comercial de una multinacional, los compromisos de almuerzos y cenas con clientes se multiplicaban, por lo que eran inevitables los excesos de comida y bebida. Pero en mi proceso de transformación personal entendí que, como en casi cualquier otra faceta de la vida, es mejor prevenir que curar.

En apenas tres semanas podemos cargarnos de un plumazo todo lo que hayamos conseguido en un año de esfuerzo. No merece la pena. ​¿Por qué trabajar el doble en enero para perder unos kilos más, pudiendo trabajar la mitad en diciembre evitando cogerlos?

¿Cómo lo hago?

La rueda está inventada. En cualquier proceso de prevención lo realmente importante es tener sentido común. Pero igual te ayudo a ordenar las ideas compartiendo mis ​5 trucos para no engordar en Navidad.

1. Empiezo el día haciendo ejercicio.

Hacer deporte a primera hora de la mañana ayuda a reducir el apetito el resto del día. También ayuda a que nos mentalicemos de que ​disfrutar de la Navidad no es incompatible con seguir una rutina de ejercicio​. Si lo ponemos en el primer lugar de la lista de cosas por hacer en el día, lo haremos y luego nos sentiremos genial. Difícilmente iremos al gimnasio después de un almuerzo copioso con sobremesa.

2. Una de cal y otra de arena.

Es imposible tenerlo todo. La suma de excesos es sobrepeso. En cambio, si compensamos los excesos con sacrificios, el resultado será mucho más equilibrado. Las comidas de Navidad son planificadas en la mayoría de los casos y eso facilita organizarnos para que los tres días de antes y de después las compensemos con una dieta más ajustada​: verdura, ensaladas, carne y pescado a la plancha. Menos calorías y menos cantidad es la regla de oro para mantener el tipo sin renunciar a caprichos ocasionales.

3. Renuncio a los tuppers.

En las comidas familiares siempre sobra comida. Si acaba en un tupper para repetir al día siguiente, el exceso habrá sido doble, por eso nunca entro en los repartos. Para mí ​es tan importante entender que puedo disfrutar de un almuerzo o cena especial sin sentirme culpable, como que debo poner límites ​y acotar ese tipo de situaciones. Son momentos especiales y, por tanto, puntuales. No puede convertirse en la norma diaria durante todo el mes navideño.

4. Como con la cabeza, no con los ojos.

Decir SÍ a los eventos navideños no significa que tenga licencia para todo. Controlar la ansiedad es muy importante. ​Tomo conciencia del hambre que realmente tengo en vez de dejarme llevar por lo que veo​. Eso me ayuda también a disfrutar realmente de lo que elijo comer en vez de estar pensando en lo próximo que tomaré. Y, por supuesto, ​nada de comer muy poco el resto del día para compensar ​la comilona. Precisamente, hay que cuidar más si cabe el resto de comidas: un buen desayuno y un refrigerio saludable a media mañana y en la merienda impedirá que lleguemos al almuerzo o cena navideña con más hambre de la cuenta.

5. Tiro de ex-armario.

No hay nada más efectivo que el espejo para recordar a qué no estás dispuesto a renunciar. Puede parecer frívolo, pero todos tenemos alguna prenda que no nos cabe pero que guardamos ‘por si acaso’. Ponerme algo de ropa que no me sienta bien y con lo que no estoy a gusto me recuerda que si me abandono a los excesos, toda la ropa nueva que ahora sí me queda estupendamente puede acabar quedándome así. ​Una bofetada de realidad que siempre viene genial.

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